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Derramar la taza

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Fotografía de Birgit Presser

 

 

 

Nan-In, un maestro japonés de la era Meiji (1868-1912) recibió cierto día la visita de un erudito profesor de la Universidad que venía a informarse acerca del zen. Nan-In sirvió el té. Colmó hasta el borde la taza de su huésped, y entonces, en vez de detenerse, siguió virtiendo té sobre ella con toda naturalidad. El erudito comtemplaba absorto la escena, hasta que al fin no pudo contenerse más. «Está llena hasta los topes. No siga, por favor». «Como esta taza», dijo entonces Nan-In, «estás tú lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo podría enseñarte lo que es el Zen a menos que vacíes primero tu taza?».

 

 

 

Carne de Zen, huesos de Zen.

 

 

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Fábula de la rana y el escorpión

El escorpión dijo a la rana:

-Ayúdame a atravesar el río. Llévame a tu espalda.

-¡Ni pensarlo! -contestó la rana-. Si te llevo a mi espalda, sin duda me picarás y me matarás!
-Razona un poco -le dijo entonces el escorpión-. ¿No ves que si te pico te hundirás en el agua y yo, que no se nadar, me hundiré contigo? ¿Qué ganaría con matarte?

Los dos animales discutieron hasta que el escorpión persuadió a la rana con sus razones. Ésta lo cargó sobre su espalda, donde él se agarró, y empezaron la travesía.

Llegados a la mitad del río, allí donde se forman los remolinos, el escorpión picó a la rana.
Ella, sintiendo que el veneno mortal se extendía por su cuerpo, gritó al escorpión:
-¡Pero, ¿qué es lo que has hecho?! ¡Ahora moriremos los dos!

A lo que el escorpión contestó: -No he podido resistirme. Es mi naturaleza.