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La vorágine en la fuente del eterno retorno

La vorágine de los días, las monedas, los deseos sin cumplir, los acontecimientos obligados, los escritos de despedida, los anexos de una revuelta. He recordado la clave y he venido a parar de nuevo aquí. Con la certeza de haber evolucionado en otro, celebro en esta callada ocasión todos los que me dejé siendo en el camino. Vengo a buscar consuelo terapéutico a mis aflicciones, contándoselas a esa nada misteriosa que de vez en cuando escucha. Esa nada convertida en nuestra mas fiel aliada y compañera. Todos los descubrimientos nos aguardan. Hemos escupido la hiel. Y el mundo sigue enteramente nuevo. Comencemos, más solos que nunca esta vez. Pero aún lo esperábamos. Bienvenido, capitán. Lo echábamos en falta.

Mi amor por las telarañas

Cobwebs

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“¿Vas a confundir mi amor por las telarañas?”

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De ‘Cobwebs’, Ryan Adams.

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El amor después

“El amor después del amor, tal vez, se parezca a este rayo de sol”

Fito Páez.

Mi bohemia (Fantasía)

“Où, rimant au milieu des ombres fantastiques,
Comme des lyres, je tirais les élastiques
De mes souliers blessés, un pied près de mon coeur !”

Se bebió de un trago el calor, cualquiera hubiese dicho que murió temprano. Agarró la necesidad de calmar su sed, y el resorte de sus brazos buscando la salida astilló levemente la cubierta superior del seplucro. Hubiese continuado empujando pero en ese momento la luz inundó la estancia. La violencia en la contracción de sus pupilas le causó de nuevo dolor, sensación que llevaba siglos enterrada en lo profundo de sus bolsillos. Y al cabo de la fracción de un tiempo desprendido observó en derredor y se descubrió en el desierto de haber encontrado el paraíso. Surgieron voces subterráneas, amontonadas e indescifrables, reverberando en el conjunto de un fondo de arpa celestial. A duras penas se incorporó y el riego de una sangre espesa escapó por sus oidos, anegando la oportunidad de entender aquellas voces que viajaban rebotadas desde la distancia. Y se quiso poner en pie, pero no los tenía.

Sí permanecían, en cambio, unos zapatos suspendidos en el aire, balánceandose con el ritmo cadencioso de lo inalcanzable. Lo observaron, él alzó la mirada,  y desataron su cordel. Como en el acto de un remiendo solidario lanzaron sus elásticos al vacío y, con la altura exacta de alcanzar sus bordes, logró ascender. El suelo se fue difuminando en un fulgor de estrellas desplazando cuerpos inhertes con el movimiento imperceptible de años luz, cuando varios millones de kilómetros después, entre la niebla, escupió por la boca los pulmones. Ambos órganos se precipitaron hacía la altura en el delirio de su falta de aire, alejándose en la rotación de sí mismos para constituirse en satélites de un pétalo con turbio azul. Y los zapatos prosiguieron su marcha. Tiraban de él como valquirias cabalgando en la velocidad de la salvación de un alma, cuando la presión le acabó por desgarrar el estómago dejando tras la estela fragmentos minúsculos de sus vísceras, trituradas en la olvidada inmensidad cuando de ellas no quedó más rastro.

Y ya no tuvo la necesidad de sostenerse, comenzaba a sentirse tan ligero que la bruma le trajo la reminiscencia de encontrar un regalo envuelto de cumpleaños. Por un momento estaba allí en sus manos, y albergó la ansiedad de abrirlo. Estiró con fuerza pero el envoltorio se adhería al contorno como si embalaje y contenido formasen parte de una misma corporeidad. Sin cejar en su empeño rasgó con insistencia. Esta vez sus uñas le parecieron desconocidamente largas y afiladas. Ellas le permitieron desubrir el presente haciendo jirones su piel, despellejando su regalo, abandonando su cuerpo como polvo absorto. Se perdió de sí mismo, y al fin fue libre.

Hasta pronto, amigos.

María Jesús Franco: “Acoger a un niño del Sahara te cambia por completo la manera de ver la vida”

La responsable de Amigos de Juan XXIII por la infancia en Alcantarilla nos habla sobre la campaña veraniega de acogida de niños del Sahara.

Decía Abraham Lincoln que “suavizar las penas de los demás es olvidar las propias”. Y es que cuando uno amplía su campo de visión,  y echa un vistazo al mundo, más allá de nuestros problemas impostados, encuentra carencias absolutas de lo necesario en gente que aún sonríe. Y son esas sonrisas las que te hacen cambiar la medida de las cosas,  hasta el punto de hacerte comprender qué es lo esencial, y qué no lo es, qué es, en definitiva, aquello que de verdad importa . María Jesús Franco, responsable de la campaña  y Estefanía,  “madre de acogida”, ambas  acompañadas por  Mahyuba y Chej, nos cuentan qué tal está siendo su experiencia así como nos informan de todos los proyectos llevados a cabo por la asociación Amigos de Juan XXIII en Alcantarilla.

¿Cómo surge Amigos de Juan XXIII por la infancia?

La iniciativa surgió de gente joven de aquí, de Alcantarilla, que quería emprender un proyecto solidario de ayuda a la infancia, pero que no sabían bien por dónde empezar. Acudieron a mí, que tengo algunos años más de experiencia, y comenzamos a trabajar juntos. El proyecto empezó sin ser siquiera una asociación, simplemente éramos un  grupo de amigos. Tiempo después, un compañero nuestro, abogado, nos aconsejó constituirnos en ONG y así lo hicimos a fin de darle una salida más fiable a nuestras intenciones de ayuda.

María Jesús, ¿por qué el Sahara para centrar vuestra ayuda, acoger y apadrinar a niños de allí?

Nosotros trabajamos en Dajla, el campamento más alejado de Tinduf, al oeste de Argelia. Allí se sitúa el segundo desierto más duro del mundo donde, ahora en verano, pueden llegar a alcanzarse temperaturas de 55 º centígrados. Si a eso le sumas que no tienen electricidad y tampoco tienen agua, puedes imaginar lo duro que es sobrevivir allí. Durante algún tiempo hemos estado trabajando en Senegal, en República Dominicana, y también algo en Perú, pero las condiciones económicas y también los motivos de cercanía nos han hecho centrar casi todos nuestros esfuerzos en el Sahara. Acoger a un niño de allí te cambia la manera de ver la vida.

¿A cuántos niños acoge el proyecto? ¿Qué pretendéis al traerlos?

Nuestra campaña de acogida está formada este año por 158 niños a los que se les trae con el principal objetivo de realizarles una revisión médica general, con analítica de sangre y de orina. Esto es lo más importante, ya que, por ejemplo, a una de ellas se le ha detectado un problema en el corazón, y va a tener que ser intervenida quirúrgicamente en breve después de obtener el permiso de los padres.

¿Cuáles son las condiciones de vida en el campamento para que queráis dar un respiro a los niños?

Aquello es un campamento muy cerrado y las condiciones son muy duras. La mayoría de ellos solo pueden comer una vez al día y alimentos muy básicos, algo de patatas cocidas, algo de lenteja, pero todo muy básico. Entonces se les trae, entre otras cosas para mejorar su alimentación durante estos dos meses y que recobren un poco el estado saludable, pero sobre todo para poder realizarles la revisión médica completa que ya hemos comentado.

¿Cuánto tiempo estarán los niños en acogida? ¿Qué criterio establecéis para seleccionarlos?

Van a pasar los dos meses completos de julio y agosto.  Se escoge a los niños como premio de aquellos que han obtenido un mejor rendimiento escolar, es una forma también de incentivarlos. La asociación de la juventud de allí es la que se encarga de seleccionarlos y de ponerlos  en contacto con nosotros.

¿Puede cualquier persona solicitar un niño de acogida para el verano próximo?

Si, cualquier persona que lo desee puede formar parte del plan de acogida que organizamos cada verano. Los únicos requisitos que se piden es que la casa donde sean acogidos no suponga ningún peligro para los niños, hablo de que no existan cristales rotos, y cosas por el estilo, a fin de que no se produzca ningún incidente. Es decir, que reúnan un mínimo de seguridad y acondicionamiento. Y también, por otro lado, que se asegure que el niño vaya a estar atendido durante los dos meses, julio y agosto, en los que tienen lugar la estancia.

¿Hay alguna limitación de edad para los niños acogidos?

Sí, los niños acogidos se comprenden en edades de entre 7 y 12 años y las familias suelen querer acoger a los mismos, así que, siempre y cuando no haya ningún problema, así suele hacerse. Tenemos, por ejemplo, una familia que este es el cuarto año que acoge a un niño. Así que animamos a todos aquellos que quieran a apoyarnos en este proyecto de acogida, que a buen seguro les resultará una experiencia que querrán repetir.

Y qué les parece a los niños esta iniciativa, ¿se muestran favorables?

A los niños les encanta venir, pero hay que tener en cuenta otra cosa, que hay a quien todavía le choca, cuando se van, también se van felices. Muchas veces se nos olvida que es allí donde tienen a su familia y a todos sus amigos. Y en su manera de ver el mundo, eso tiene tanto tirón o más que las comodidades materiales que aquí puedan proporcionárseles.

Dinos el porqué de realizar la acogida durante los meses de verano.

Se les acoge en esta época, además de por ser en la que se suele estar de vacaciones y la gente tienen más tiempo para atenderlos, sobre todo para liberarlos del calor insoportable que tienen que aguantar durante estos meses de verano. Pretendemos también de alguna manera que los acogidos hagan acopio de refuerzo físico. Hay que tener en cuenta que muchos de los niños suelen llegar con anemias y con problemas de desnutrición.

Imagino que para los habitantes del campamento, vuestra presencia y ayuda serán bien acogidas.

Allí nos esperan como agua de mayo. Cuando estoy trabajando con ellos y me levanto a las 7 de la mañana, ya tengo a 10 o 12 mujeres en la puerta intentando convencerme para ser acogidas y ayudadas por nuestra campaña. Voy a tomar un té a casa de una amiga, y en un rato acuden otras tantas. Porque con los 50 euros que nosotros les ofrecemos de ayuda se alimenta ni más ni menos que una familia de seis personas durante cuatro meses.

Estefanía, coméntanos, ¿cómo conociste el proyecto de Amigos de Juan XXIII por la infancia?

Conocí el proyecto a través de María Jesús y enseguida me vi involucrada en casi todos las iniciativas, comencé a viajar al Sahara, descubrí en primera persona todo lo que ello significaba, la importancia que estos tenían, lo agradecida que era nuestra ayuda, y a partir de ahí soy una más en este proyecto tan hermoso que te devuelve con creces en cariño de la gente todos los esfuerzos que supone.

Estefanía, ¿qué tal está siendo tu experiencia como “madre de acogida”? Seguro que Chej ya te ha hecho alguna de las suyas.

Sí, me pasó una anécdota muy simpática el otro día con él. Mi madre estaba haciendo una tortilla de patatas para cenar y él insistía en que quería que la tortilla fuese muy grande, que fuese gigante. En realidad quería que fuese así porque pretendía tener la suficiente para poder compartirla con toda su familia y sus amigos en Dajla.

María Jesús, vuelvo contigo,  ¿en qué consiste  exactamente vuestro trabajo en el campamento?

Nosotros comenzamos rehabilitando las escuelas que, como están hechas de adobe y están sometidas a una climatología muy adversa suelen sufrir numerosos desperfectos en su estructura. En el departamento donde nosotros trabajamos de las siete guarderías que existe hemos logrado rehabilitar ya seis. La otra fue arrasada literalmente por el siroco.

¿Os involucráis también de alguna manera en temas de formación?

Sí, realizamos, además,  talleres con la gente joven de allí y sobre todo con las mujeres. Talleres de informática, talleres de actividades de tiempo libre, también talleres de costura para que aprendan a coser, etc. Todo el material nos lo llevamos desde aquí, ya que allí no tienen prácticamente ningún recurso.

¿Además de la campaña de acogida en verano, qué otros proyectos lleváis a cabo para vuestra ayuda?

Tenemos una campaña de apadrinamiento, que es nuestro mayor proyecto desde la asociación, en la que tenemos ya apadrinados 825 niños, los cuales se suelen elegir, dentro de que todas las familias de allí suelen pasar por muchas dificultades, entre las más desfavorecidas. La población del campamento es ahora mismo de 35.000 habitantes. Nosotros, a fin de hacer un mejor reparto, apadrinamos solo a un niño por familia.

Tengo entendido que la práctica totalidad de vuestros recursos provienen de estos apadrinamientos.

Sin duda,  nuestro producto estrella por así decirlo, es la campaña de apadrinamiento, ya que allí la gente no recibe recursos económicos de ningún otro sitio. El apadrinamiento es de 10 euros mensuales por niño, los cuales entregamos nosotros directamente a las familias. Al padrino se le envía una foto del niño para que sepa directamente a quién está ayudando. Y parte del dinero lo traducimos en ropa para los más pequeños, sobre todo para protegerlos del frío durante el invierno.

¿De qué manera ponéis en contacto a niños y padrinos?

Los padrinos y los niños mantienen correspondencia anual en la que de alguna manera mantienen el contacto, de esta forma. Los padrinos pueden ver mediante fotografías que efectivamente todo lo que se le ha enviado ha sido recibido por su niño apadrinado.

¿Puede la gente que apadrina visitar el campamento, ser consciente de su situación y de los avances que supone vuestra ayuda?

Sí, por supuesto, a todos los padrinos se les invita a venir a conocer la zona. Es más, solemos enviar una carta todos los  años insistiéndoles a ello. Es una experiencia que te cambia completamente tu punto de vista y donde comprendes lo vital y necesario de tu pequeño aporte. De hecho el año pasado viajaron con nosotros 28 padrinos. Esta es nuestra garantía de que no existan dudas del trabajo que realizamos allí.

A tu entender, cuál es la mejor manera de concienciar socialmente para que la gente entienda y se involucre en vuestro proyecto.

La mejor experiencia es acompañarnos y descubrir todo aquello en primera persona. Cuando ves la felicidad y el cariño con el que te acogen las personas, que te dan todo lo poco que tienen, que comparten contigo hasta lo más mínimo es cuando uno se da cuenta de que todo merece la pena. El problema es que todo el mundo no puede permitirse el viaje hasta allí, y el que tiene dinero para hacerlo la mayoría de las veces prefiere irse al Caribe, si no, estamos convencidos de que todos se harían partícipes de nuestra causa.

Cómo te afecta a ti, personalmente, estar tan involucrada en la iniciativa.

Todo el tiempo que tengo de vacaciones y mis ahorros los empleo en acudir al Sahara. Sentirse útil, solidarizarte con aquella gente que vive en la pobreza, ayudarla, ver cómo ellos te abren sus casas y te lo ofrecen todo, cómo te dan todo su cariño a cambio de que únicamente estés con ellos y les apoyes un poquito, es mejor regalo que viajar a ninguna parte. Cuando llegas al Sahara, y una vez que te embarcas en el proyecto, inviertes, quitándote aquí de cosas incluso necesarias, todos tus ahorros y tu dedicación en ayudar.

¿De qué manera os dais a conocer? ¿Cuál es vuestra fórmula para la gente se anime a daros su apoyo?

Solemos hacer exposiciones públicas en la calle, donde todo aquel que esté interesado pueda ver de qué manera trabajamos, cuáles son nuestros proyectos, la efectividad de las ayudas que recibimos. La gente tiene acceso de manera cristalina a todo lo que hacemos. Esta es nuestra mejor manera de informar a las personas para que nos ofrezcan su apoyo. Además, tenemos nuestra página web. Te confesaré una cosa, la mayor parte de las veces son los propios padrinos los que con su afecto y ayuda nos hacen llevar este hermoso trabajo adelante. Es esa implicación, no solo la económica, la que nos hace seguir. Nos ayudan a preparar los regalos, a enviar ropa, a proponernos proyectos, han organizado conciertos benéficos. Nuestro activo humano es tan importante como el económico.

Seguro que algo tienen allí para que todos los que viajáis os involucréis con tanta fuerza.

En los tiempos en que vivimos hemos perdido muchos valores, la familia se ha convertido aquí en una serie de relaciones muy frías sin apenas afecto entre muchos de sus miembros, nos ha terminado ganando a todos el egoísmo, y no llegamos a ver más allá de nuestros caprichos. Allí esto no ocurre, allí están todos unidos. Un niño es incapaz, por ejemplo, de tener un trozo de chocolate, por pequeño que sea, y no ofrecerse a compartirlo con cualquiera, aunque no lo conozca, antes de metérselo en la boca. Esta humanidad, que nosotros hemos perdido, allí todavía sigue intacta. Y no deja de resultar descorazonador que aquí, teniendo miles de veces más que ellos, seamos incapaces ni de ayudarnos entre nosotros.