La escuadra tomó rumbo al sur

24042371Fotografía de JValentina

 

 

 

No andaban todos los bajeles con igual paso. Unos se adelantaban, otros tardaron mucho en moverse; pasaban algunos junto a nosotros, mientras los había que se quedaban detrás. La lentitud de su marcha; la altura de su aparejo, cubierto de lona; cierta misteriosa armonía que mis oídos de niño percibían como saliendo de los gloriosos cascos, especie de himno que sin duda resonaba dentro de mi mismo; la claridad del día, la frescura del ambiente, la belleza del mar, que fuera de la bahía parecía agitarse con gentil alborozo a la aproximación de la flota, el más importante cuadro que puede imaginarse.

Cadiz, en tanto, como un panorama giratorio, se escorzaba a nuestra vista, presentándonos sucesivamente las distintas facetas de su vasto circuito: El sol, encendiendo los vidreos de sus mil miradores, salpicaba la ciudad con polvos de oro, y su blanca mole se destacaba tan limpia y pura sobre las aguas, que parecía haber sido creada en aquel momento o sacada del mar como la fantástica ciudad de San Jenaro. Vi el desarrollo de la muralla desde el muelle hasta el castillo de Santa Catalina; reconocí el baluarte del Bonete, el baluarte del Orejón, la Caleta, y me llené de orgullo considerando de dónde había salido y dónde estaba.

Al mismo tiempo, llegaba a mis oídos como música misteriosa el son de las campanas de la ciudad medio despierta, tocando a misa, con esa algazara charlatana de las campanas de un gran pueblo. Ya expresaban alegría, como un saludo de buen viaje, y yo escuchaba el rumor cual si fuese de humanas voces que nos daban la despedida, ya me parecían sonar tristes y acongojadas anunciándonos una desgracia, y a medida que nos alejábamos, aquella música se iba apagando, hasta que se extinguió difundida en el inmenso espacio.

La escuadra salía lentamente: algunos barcos emplearon muchas horas para hallarse fuera…

El ciclo se enturbió por la tarde, y al anochecer, hallándose ya a gran distancia, vimos a Cadíz perderse poco a poco entre la bruma, hasta que se confundieron con las tintas de la noche sus últimos contornos. La escuadra tomó rumbo al sur.

 

 

Fragmento de Trafalgar, de Benito Pérez Galdós. Episodios Nacionales (1ª serie)

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Publicado el marzo 17, 2013 en Literatura. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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