Emprender el viaje

Si vas a emprender tu viaje hacia Ítaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes
o al colérico Poseidón, nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
sielevado es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a Lestrigones ni a Cíclopes
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer y alegría
arribes a bahías antes nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, Ítaca no te habrá engañado.
Así, rico en saber y en vida, como has de volver,
comprendes al fin qué significan las Ítacas.

C.P. Kavafis, “Ítaca”.

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Publicado el marzo 10, 2012 en Poesía. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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