Ser un monstruo

«Y ahí fue donde me detuve. Alzando la vista, para ver si alguien me estaba observando. La enorme Sala de Lectura vibraba de energía silenciosa: gente pensando, escribiendo. El techo pintado se henchía en lo alto como una vela, y abajo destellaban las lámparas verdes de las mesas, iluminando rostros inclinados sobre los libros. Yo estaba encorvada sobre el mío, con el pelo cayendo en torno a las páginas, tapando la definición de mí misma. Tenía desabrochado el abrigo verde. Me había lavado la cabeza para la cita de la tarde con Luce; las bragas, recién limpias. Sintiendo la vejiga llena, crucé las piernas aplazando la excursión a los servicios. El miedo era como un cuchillo. Ansiaba que me abrazaran, que me acariciaran, y eso era imposible. Puse la mano sobre el diccionario y la observé. Esbelta, lanceolada, tenía en un dedo un anillo en forma de cuerda trenzada, regalo del Objeto. La cuerda se estaba poniendo sucia. Miré mi preciosa mano, y luego la retiré para enfrentarme de nuevo con la palabra.

Allí estaba escrita, monstruo, bien claro, en un baqueteado diccionario de la biblioteca de una gran ciudad.»

Fragmento de “Middlesex” de Jeffrey Eugenides.

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Publicado el marzo 6, 2012 en Literatura. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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