Mi bohemia (Fantasía)

“Où, rimant au milieu des ombres fantastiques,
Comme des lyres, je tirais les élastiques
De mes souliers blessés, un pied près de mon coeur !”

Se bebió de un trago el calor, cualquiera hubiese dicho que murió temprano. Agarró la necesidad de calmar su sed, y el resorte de sus brazos buscando la salida astilló levemente la cubierta superior del seplucro. Hubiese continuado empujando pero en ese momento la luz inundó la estancia. La violencia en la contracción de sus pupilas le causó de nuevo dolor, sensación que llevaba siglos enterrada en lo profundo de sus bolsillos. Y al cabo de la fracción de un tiempo desprendido observó en derredor y se descubrió en el desierto de haber encontrado el paraíso. Surgieron voces subterráneas, amontonadas e indescifrables, reverberando en el conjunto de un fondo de arpa celestial. A duras penas se incorporó y el riego de una sangre espesa escapó por sus oidos, anegando la oportunidad de entender aquellas voces que viajaban rebotadas desde la distancia. Y se quiso poner en pie, pero no los tenía.

Sí permanecían, en cambio, unos zapatos suspendidos en el aire, balánceandose con el ritmo cadencioso de lo inalcanzable. Lo observaron, él alzó la mirada,  y desataron su cordel. Como en el acto de un remiendo solidario lanzaron sus elásticos al vacío y, con la altura exacta de alcanzar sus bordes, logró ascender. El suelo se fue difuminando en un fulgor de estrellas desplazando cuerpos inhertes con el movimiento imperceptible de años luz, cuando varios millones de kilómetros después, entre la niebla, escupió por la boca los pulmones. Ambos órganos se precipitaron hacía la altura en el delirio de su falta de aire, alejándose en la rotación de sí mismos para constituirse en satélites de un pétalo con turbio azul. Y los zapatos prosiguieron su marcha. Tiraban de él como valquirias cabalgando en la velocidad de la salvación de un alma, cuando la presión le acabó por desgarrar el estómago dejando tras la estela fragmentos minúsculos de sus vísceras, trituradas en la olvidada inmensidad cuando de ellas no quedó más rastro.

Y ya no tuvo la necesidad de sostenerse, comenzaba a sentirse tan ligero que la bruma le trajo la reminiscencia de encontrar un regalo envuelto de cumpleaños. Por un momento estaba allí en sus manos, y albergó la ansiedad de abrirlo. Estiró con fuerza pero el envoltorio se adhería al contorno como si embalaje y contenido formasen parte de una misma corporeidad. Sin cejar en su empeño rasgó con insistencia. Esta vez sus uñas le parecieron desconocidamente largas y afiladas. Ellas le permitieron desubrir el presente haciendo jirones su piel, despellejando su regalo, abandonando su cuerpo como polvo absorto. Se perdió de sí mismo, y al fin fue libre.

Hasta pronto, amigos.

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Publicado el agosto 31, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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