Frase para la posteridad

De súbito me he desvelado de un sueño. Era un predicador, alentaba a las tropas con un discurso sublime, el auditorio adquiría más y más valor a cada una de mis palabras. Finalmente, todos entraban en un éxtasis inaudito disponiéndose incluso a entregar sus vidas en el clamor de la batalla. Y yo, enardecido, dejaba una frase que, a buen seguro, iba a quedar para la posteridad: “Amigos, desnuda de las costuras del fuego, y a nuestra espera la victoria”. Ha sido tan emocionante. Ya despierto una mañana real de domingo, la frase, que me ha sobresaltado de puro excelsa y que he sido capaz de recordar como una genialidad que mi mundo onírico debía regalar al mundo despierto, ahora, ya no sé ni cómo ni por qué, la frase, babilónica frase, motivo y lema de un ejército soñado, ahora, y no sé exactamente qué ha pasado, me parece una auténtica boñiga.

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Publicado el junio 19, 2011 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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