Idiotizados por Facebook

Suelo ser enemigo de realizar análisis o comentarios de las herramientas que nos ofrece Internet, entre otras cosas porque ni soy experto en ello ni lo pretendo. Me produce un tedio y una fatiga incalculable teorizar acerca de los productos tecnológicos de última generación, de las novedosas aplicaciones informáticas para hacer tal tarea o esta otra, me he negado desde siempre a firmar el manifiesto de aquella revolución de gélida red social nosécuántos.cero que ha pregonado de otros días a esta parte la intención de cambianos la vida, al menos en cierto modo. Hace tiempo que dejó de importarme por cuántos megaherzios trabaja las CPU de mi portátil, qué carajo es capaz de hacer un iphone touch, un simbian, un android. Que mi cámara de fotos ya no tenga tantos megapixeles como la novedad ha dejado de suponerme un trauma. Mi televisión no es full hd, ni tampoco tiene tecnología LED, no pienso cambiarla hasta que se rompa. Creo que a la fiebre del iPod sí que me sumé pero la manzana mordida, por mucho que la restriegue Eva de soporte en soporte, no me tienta ya a cometer ningún pecado consumista. Alguna vez terminé por decirme a mí mismo: Chico, piensa, antes de depositar la esperanza de un mundo más feliz en la compra del último grito en cacharrito que vendrá a rescatarte y llenarte de experiencias y nuevas aventuras, ¿de verdad lo necesitas? Poco más tarde entenderás que encendí la vieja radio y en ella se marcaron los mismos goles que en el portentoso equipo de sonido envolvente de allí abajo en la tienda de la esquina.

No me muestro con esto, aunque pueda parecerlo, contrario a la innovación y al desarrollo, en absoluto. Sólo quiero decir que no entiendo cómo la gente no es capaz de darse cuenta de que en materia tecnológica, también en otras, pero sobre todo en ésta, los productos terminan comprándose simplemente por la necesidad de satisfacer una necesidad que si en realidad lo piensas, no tienes, al menos no en ese grado. No me cabe duda de que todo termina por ser un ejercicio de aceptación social. Se ha llegado a un punto en el que lo que aparentas es mucho más importante que lo que eres. De esta manera y no de otra, se entiende que poseer la última versión sea tu billete de reconocimiento, y cierta envidia, en el círculo de amigos. Pero esto, bien pensado, no parece nada nuevo. De una manera o de otra el materialismo ha existido desde siempre. Imagino que presentar tu flamante Rolls en sociedad debía de suponer un acontecimiento similar. La diferencia entre ambas es que ahora ya no sólo se utiliza el arma de la posesión material para superar al resto, ahora además existe el de la intangible posesión inmaterial, es decir, la capacidad o posibilidad de hacer cosas. Y es aquí donde aparece Facebook.

Voy a ser breve. He tenido la experiencia de Facebook, y al igual que me pasó con la necesidad artificialmente implantada de adquirir lo último en chips, me he dado cuenta, aunque ya lo sospechaba, de que es una soberana estupidez. Pero esto no es lo peor, si a algún caso viene toda esta perorata que voy soltando es al de que creo que Facebook nos está volviendo completamente idiotas a todos. Si bien es innegable su poder como herramienta de comunicación, y comprendo, por otra parte, que no es la bala la que asesina sino el que dispara, concluyo con mi pequeña capacidad de raciocinio, aunque para esto llega, que se ha transformado en un mecanismo descomunal para hacer perder el tiempo a las personas. No ya sólo esto, establezco una analogía entre Facebook y la televisión basura. Digo, sí, sin objeciones que Facebook, podría decir lo mismo de Twiters, Tuentis y similares, es el Internet basura. Esto es el chismorreo por el chismorreo, el aparentar por el aparentar, el vacío intelectual absoluto. Mis conclusiones creo que son elocuentes, pero como toda critica tiene que tener sus argumentaciones, argumentemos.

Desmenuzo a continuación, para a quien le interese,  las utilizaciones del Facebook que he sido capaz de observar a lo largo de mi experiencia y que me han hecho llegar a esa conclusión.

– Husmear, cotillear. Pasar horas muertas fisgoneando vidas ajenas la mayoría de las veces edulcoradas de tal manera que te hacen plantearte lo aburrido de tu existencia. Forma alienizante de trivializar y evadirse de los problemas, olisqueando la basura del prójimo.  Es por esto que digo que Facebook me parece ese mismo sensacionalismo barato de los medios de comunicación de masas pero aplicado ya no a personas públicas sino a personas anónimas. El chismorreo por el chismorreo.

– Poner fotos de viajes, de fiestas, de lugares donde estás. Alardear de tus nuevas adquisiciones, de tus nuevos caprichos, de tus logros, de tus propósitos, etc.. Este aspecto entronca directamente con el anterior. Cuando hay personas que se centran en el vouyerismo es porque hay personas a las que les gusta mostrarse. Gente que busca el protagonismo hasta en los detalles mas banales, se me ocurren muchos ejemplos, seguro que a ti también, diré uno de los miles. Entras al bar de copas, publicas que entras al bar de copas, te pides un gintonic, le echas una foto a tu gintonic, publicas la foto del gintonic, agregas el comentario:  Tomándome un gintonic despues de una tarde bastante estresante. El aparentar por el aparentar.

– Hacerse fan de páginas. Gente que impulsivamente, no sé con qué finalidad, no deja de hacerse seguidora de páginas, la mayoría con tono humorístico. Imagino que es una forma de que tus contactos descubran cuáles son tus gustos, pero ¿de verdad nos creemos que a alguien le importan nuestros gustos? A quien de verdad le importen no necesita entrar a facebook para descubrirlos. Creo que con ello se prentende formar una identidad pública para que los demás piensen que somos algo que muchas veces no somos. Imagino que es, una vez más, la triste búsqueda de un perfil que suponga una aceptación y reconocimiento de los demás.

– Pasatiempos y juegos absolutamente bobos, que hacen perder horas enteras, en los que el que el mayor logro consiste en que tu granja tenga más animales que la de tus amigos, que tu pecera tenga más peces que la de tus amigos, que tu campo de futbol tenga mas aforo que el de tus amigos, así sucesivamente, por no añadir el asedio que el enganchado suele someter a sus demás contactos para que también se enganchen y así sacar sus propios beneficios. Por otro lado no es nada desdeñable aquella aplicación de preguntas en cadena tan provechosas e interesantes  tipo: ¿crees que fulanito ha cagado alguna vez en el mar? ¿si menganito se fuera a vivir a Massachusetts irías a visitarle por vacaciones?

– Poner videos de música. El noble arte de querer que a los demás les gusten las mismas cosas que a nosotros tiene su mayor expresión en esto. Todo cristo viviente publica una canción que le gusta de vez en cuando como sentimiento de liberación. Supongo que se intenta compartir la experiencia que provoca en uno escuchar aquello, o intentar influir en el gusto de otros. Todo esto esta bien, pero lo cierto es que el 95% de las veces aquello sólo nos interesa a nosotros.

-Enlazar al cuántarazon, ascodevida o paginas por el estilo. No se descubre nada nuevo, las mismas tonterias se enlazan y se reenlazan una y otra vez, hasta que te cansas de verlas. Eso por no entrar en lo escatológico y escabroso de muchos descubrimientos que se nos ofrecen.

– Me produce tanta zozobra que ya no pierdo más el tiempo, ni en el facebook, ni escribiendo sobre él.

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Publicado el marzo 3, 2011 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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