“Opiniones de un payaso”, Heinrich Böll

Literatura en nivel avanzado, “Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll (Nobel de Literatura en 1972), no me parece lo que podríamos llamar una novela agradecida al lector. En este libro no encuentras una historia absorvente, ni emocionante, ni divertida, ni humorística (creo que su sentido humorístico apenas es comprensible en la época actual), no tiene situaciones entrañables, ni personajes carismáticos (excepto el protagonista), es intrascendental, es monótona en todo momento, es, por qué no decirlo, aburrida. Hay novelas que pueden provocar fobia a la lectura si se descubren antes de tiempo, esta es una de ellas. Si bien, y con una lectura apesadumbrada, se puede llega a entender que haya adquirido cierta importancia literaria, sobre todo en la referente a la Alemania de posguerra. Voy a permitirme, además, la licencia de añadir que si uno no hace el esfuerzo por situarse en el tiempo y las circunstancias en las que esta historia es narrada no entiende en completo grado lo que se cuenta. Sólo entiende hasta cierto punto algunos aspectos que, pasado aún más tiempo, intuyo, tampoco se entenderán. Me explico.

La puesta en escena seduce. El protagonista es un payaso que a los 28 años ve cómo toda su vida entra en declive casi podríamos decir de la noche a la mañana. Sus trucos y actuaciones han dejado de tener acogida por el público (que le aplaude ya por compasión), su estado físico se ve mermado por una lesión de rodilla, su familia, adinerada, desestima ayudarle económicamente, su representante ya no encuentra lugares donde quieran contratarlo, y lo que es peor, probablemente el desencanante de toda esta serie de desdichas que conducen irrefrenablemente a su miseria, su pareja, Marie, lo ha abandonado y se ha marchado con otro. Es en esta situación en la que empieza y termina toda la trama de esta novela. A partir de aquí todo lo demás es un monólogo interior que analiza las contradicciones de una realidad histórica y que es, en consecuencia, lo que le da valor literario a esta historia. A mi entender, la espina dorsal de “Opiniones de un payaso” es el desencanto con la vida nacido a raíz de la no superación del desamor. Todo este discurso no me parece más que el de un hombre que ha sido abandonado por su ser más querido y se niega rotundamente a aceptarlo.

En consecuencia, Schnier, que así se llama el protagonista, comienza a buscar con cierto resentimiento explicaciones en la sociedad a todo lo que le ha sucedido. Encuentra de esta forma su crítica a la doble moral de las personas, tanto en la transición política de una Alemania nazi a un sistema democrático como, y sobre todo, en el profesamiento de la religión cristiana y sus doctrinas, incoherentes consigo mismas y con la realidad. No hay que olvidar que el motivo por el que Marie abandona al protagonista es porque ambos no están casados, ya que Hans Schnier no tiene convicción cristiana, si bien y aún no teniéndola, está dispuesto a hacerlo sólo por contentar a Marie. Esto no parece convencerla y se acabará marchando con otro hombre de su entorno cristiano con el que sí parece coincidir en sus creencias. Schnier que se considera monógamo y fiel, tal como predica la Iglesia, no entiende por qué es precisamente la Iglesia la que rompe a la pareja, para llevar a Marie a los brazos de otro hombre, y en consecuencia a la poligamia y la “concupiscencia carnal”. En última instancia le parece que el catolicismo juega con el concepto de sexualidad de una forma o de otra según convenga a sus intereses.

Por otro lado, Hans tampoco entiende la contradicción moral de su madre, quién dejo marchar la vida de su hermana en pos de la defensa del nazismo y ahora es el importante miembro de un comité para conciliación de las razas. Por extensión, y en cierto modo, ejerce también esta crítica hacia todo el país, al que acusa de hacerse adorador del concepto abstracto del dinero en un tiempo, recordemos, en que Alemania era atravesda por un muro, a un lado del cual el desarrollo industrial y consumista se antojaba el único modo de salir de los destrozos de la guerra. No hay que olvidar, asimismo, otro de los reproches del payaso, esta vez a su padre, que en relación con esta comentada obsesión por el dinero, siempre se comportó de manera tacaña con sus hijos y los acostumbró a vivir en absoluta sobriedad. Son, en fin, todo este cúmulo de sucesos internos los que acaban con las ilusiones de un payaso. Un payaso vencido por un mundo hipócrita.

El final es lo que más me ha gustado de esta novela. No lo desvelo pero en él uno llega a comprender de algún modo el drama que lleva a un hombre a pintarse la cara de payaso, sentarse en la esquina junto al desengaño de la vida,  montar el numerito y esperar el ruido de una moneda en el sombrero.

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Publicado el diciembre 16, 2010 en Literatura. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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