“La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, Junot Díaz

Descubro esta novela por recomendación enfática y expresa de personas con las que tengo el gusto de coincidir en un lugar común llamémosle “vivir de los libros”, y al que ya no he de volver. Premio Pulitzer del año 2008, “La maravillosa vida breve de Óscar Wao”, llamada a convertirse en un referente de la literatura de grandes ventas en los próximos años, tiene todos los ingredientes para acabar siéndolo, no de una manera inmediata, pero sí a medio plazo. Desconozco en qué medida ha sido promocinado este libro, pero, a pesar de ser un Pulitzer, estoy casi seguro de que para la gran mayoría de personas es aún un desconocido. No se sufra, pronto encontrará a alguien, al igual que yo, que le asegure en él una rareza cercana a la genialidad. Pronto, y a raíz de los muchos que descubrirán en ella una novela atípica y divertida, creo, puede llegar a convertirse en una obra de culto para los propensos a tirarse el rollo con sus descubrimientos de exquisito lector. Por ende, y al ver la fascinación que despierta en muchos, crecerá exponencialmente el número de curiosos que acabarán, me incluyo en ellos, dándole una oportunidad a esta novela. ¿La merece? ¿La sobrevalorarán hasta el punto de que esperes mucho más de lo que es?

Sí, según mi punto de vista, merece la pena leerla. Es una buena novela, aunque ni de lejos me ha parecido una genialidad. Encuentro que muchos la comparan con “La conjura de los necios”, pero más allá de sus estilo descarnado, de su supuesto portagonista antihéroe foco de todos los fracasos y la pasión de ambos por escribir, no encuentro entre ellas similitudes esenciales. Digo “supuesto protagonista” porque cuando se comienza a leer “La maravillosa vida de Óscar Wao” (aún no encuentro el encanto de esa mala pronunciación de Oscar Wilde), va configurándose la idea de que se nos va a contar la historia de un adolescente inadaptado a la sociedad sumergido en su mundo de ciencia ficción, un nerd (palabra que por cierto se repite hasta la saciedad), o lo que nosotros llamaríamos un friki. Pero no ocurre así. La trama está mucho más centrada en la mala suerte, la desgracia, la calamidad, el maleficio, el fukú (concepto que por cierto se repite hasta la saciedad), de una familia de dominicanos, los Cabral, condenados a ser victimas perpetuas de la dictadura de Trujillo, después incluso de su muerte. En este punto la novela entronca con el “realismo mágico” de la literatura hispanoamericana, lo cual me hace, y con ésta si encuentro muchas más similitudes, compararla con “Cien años de soledad”, según lo cual sale mal parada y sea posiblemente por ello por lo que la valore quizá a la baja.

En cuanto a quién se dirige esta novela, me parece que incurren en ella dos modalidades de expresión muy diferentes, posiblemente incompatibles para el lector. La historia del supuesto protagonista tiene a mi entender un público objetivo adolescente, joven en todo caso, que ganará las delicias de ellos pero que hará perder el hilo a un lector más experimentado, producto de las continuas alusiones a sus referentes culturales que le puede hacer incluso perder el hilo del mensaje. Por otro lado, me imagino que para un adolescente, joven en todo caso, los abundantes pies de página para contextualizar históricamente acabarán produciéndoles cierto tedio (si bien el tono humorístico los hace en su mayor parte perfectamente sufribles). Un servidor, por ejemplo, que ni se considera de una forma ni de otra, se tropezó con ambos inconvenientes. Y aunque suponen cierto escollo, todo hay que decir salvable, el riesgo a mi entender se merece más un reconocimiento que una queja por mi parte.

El estilo es ágil, fácil de leer, cercano a la oralidad. La traducción tiene un gran mérito, ya que no se antoja en primera instancia sencillo reflejar esa mezcla español inglés propia de las culturas hispanoamericanas establecidas en Estados Unidos. Hay que decir que gran parte de la frescura y gracia de la novela reside precisamente en esta peculiar forma de hablar transcrita. Si bien, y esto sí que es subjetivo por mi parte, lo que al principio me pareció divertido me acabó cansando por repetición. Algunas expresiones aparecen tantas veces que hacia el final ya han perdido completamente su gracia. Pero no sólo me acabó cansando esto, también me aplomó la continua obsesión de la novela por cebarse en el personaje de Óscar y sobre todo en lo referente a su enamoramiento compulsivo de las jevitas (palabra que se repite hasta la extenuación), y al inagotable chiste fácil  de su incapacidad para rapar (concepto que se repite hasta la extenuación). En resumen, lectura que atrapa, forma original de transmitirla, tragedia en clave de humor,  novela aprovechable y meritoria pero a mi gusto inmadura. Si bien, y aunque sólo sea por conocer un poco sobre la historia dominicana y esbozar alguna risa, “La negra está encendía”, ya justifico con creces su lectura.

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Publicado el diciembre 7, 2010 en Literatura. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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