Martes de carnaval

Arrastrando los jirones de mi disfraz
he dejado de saber si es que celebro
en el desfile apabullante, en lo incapaz,
las ganas de extinguirme sin entierro.
Más tarde doña Cuaresma a don Carnal
habrá de exigirle en el combate otro destierro.
Cuando amanezca martes de Carnaval,
y otras sean las heridas, otras las espadas de hierro.
Tropezará contra los días el vendaval
de máscaras que huyen hacia su encierro,
descubriendo en su condena lo ancestral,
ya lo único que queda, la tristeza a que me aferro.
Será mirarse en el espejo un hospital,
será soñar en otra vida algún requiebro
para pintarse color de plomo el lacrimal,
para llorarle serpentinas al recuerdo.
Habré olvidado en otra esquina tu señal
habré bailado en otra fiesta mi lamento
canté la murga, chirigota, y tú no estás
rompí en retales mi dolor y el firmamento.
Martes, me dejas sólo un funeral,
el de ésta, mi ilusión, la que agoniza.
Martes, vestido con la piel de un carnaval,
mañana sólo miércoles de ceniza.

Edu.

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Publicado el febrero 16, 2010 en Poesía. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Me ha quedado bonita, ¿verdad?

  2. Sin lugar a dudas.

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