Para que yo me llame…

Para que yo me llame Eduardo Asensio,
para que sean menos los kilos con los que atormento al suelo,
va a ser necesaria una ancha relación de ejercicios
y una infatigable dieta:
abdominales de toda postura y en toda dirección,
integrales sustancias sin placer, cuerpos y más cuerpos
desengrasándose sin cesar, hasta darme un cuerpo nuevo.
Más saltitos y menos ocios, consumirán
las calorías que rellenan,con invariable tedio,
el vicio milenario de mis carnes,
mondongo que ha trepado sin dejar ni el solo rastro de mis huesos.
De mi panzita, abandonada a su suerte, descompuesta,
en lo que amenaza con ser su fin, después de haber sobrevivido
a la bacanal y al desenfreno, aferrándose
al sabor del último chorizo, morcillita, chuletita de cordero…
No seré yo más que el resultado de cambiarlo todo por la fruta,
lo que quedará, deprimido, huérfano sin sus sobras ni sus restos,
esto que veréis aquí,
tan delgado, tan poquita cosa como esto:
una figurita frugal, un hombre leve que resiste
agarrándose a farolas, para que no se lo levante el viento,
arrastrado hacia ningún lugar hacia el que sople.
El fracaso de todos los que intentan ser delgados.
El enloquecido propósito del adelgazamiento…

Le pido perdón, Ángel González

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Publicado el marzo 21, 2009 en Poesía. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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