Hay un “Carpe diem” en la esquina

Llegando a una ciudad repleta de facultades, donde la que más abunda es la esperanza del llegar a ser, madrugan cada día desde hace varios años las mayores pretensiones. Circulan bajo el suelo, agolpadas, a gran velocidad, queriendo desmarcarse cada cual del resto, añorando, tal vez, diferenciarse en una competición donde tantas son ya las que juegan que el acabar ganador no asegura el derecho a nada. Y, aún así, tan tercas son que insisten. Quizá no les quede otra. Con la legaña se niegan el espacio a la lágrima, y fluyen a través del minutero, con la decisión que otorga el ver los primeros pasos de una futura hazaña. Aceleran hacia la luz, esquivan con su ágil requiebro cualquier atisbo de duda. Continúan, porque quizá no les quede otra. Portan la mayor de las riquezas entre sus bolsillos vacíos, pero esto aún no lo aprendieron. Aspiran a respirar un aire mejor, sueñan con el mañana y se les escapa con su prisa el hoy. Y en ese danzar interminable, justo antes de que la misma boca de siempre los escupa al frío, pasan por alto que su ilusión, apenas nacida, ya descansa difunta en la pared. No rebajan su paso para mirar que hay un Carpe Diem en la esquina, el principio de una advertencia que reza así:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde,
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Gil de Biedma

Existen, en cambio, otras pretensiones, que no siendo muy distintas, reposan su mirada en estas letras. Y en lo que  sólo es un acertado reflejo de todas cuantas circulan en derredor, algunas, las más perdidas, sienten un mensaje inacabado. Lo que no ven las demás, lo que tampoco ven ellas mismas, es lo que alguien obvió, probablemente por el hecho de que, lo leyeran o no, es una lección con un único maestro capaz de enseñarla: la vida. Es por eso que, lo que quedó inacabado, borrado para que la mayor facultad de aquella ciudad siga siendo la esperanza, fue esto:

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Gil de Biedma

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Publicado el enero 12, 2009 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Los sueños no alcanzados viajan por esas carreteras secundarias que nos hacen desviarnos de lo que realmente queremos…realidad que viaja a nuestro lado y permanece aunque no la queramos…viajamos construyendo nuestro universo en el asiento de atras…la vida esta ahi invitandola a tomar…aunque nos perdamos en esas carreteras secundarias que no sabes adonde te llevaran…de vez en cuando aparece un Carpen Diem que te alumbra la salida…

    Me gusto mucho tu escrito…

    Luna

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