¿Dónde se meten las cosas mientras no las vemos?

Desde que lo comentó el otro día medio en coña el profesor de Lógica, llevo dándole vueltas a la mandarina y, cuanto más pienso en esto, más patidifuso me deja. ¿Dónde se meten las cosas cuando no las vemos? ¿Siguen existiendo independientemente de nosotros? ¿Quién nos asegura que la cama, la mesa, el ordenador, nuestra casa misma, durante el tiempo que hemos estado pasando fuera, no ha desaparecido y sólo vuelve a aparecer cuando volvemos? Me dije a mí mismo que la respueta podía estar en que sabemos que esas cosas han seguido ahí porque hay otros que nos lo cuentan. Pero entonces prosiguió el profesor con otra incógnita que me desestabilizó definitivamente: ¿Y si esos otros también desaparecen junto con las cosas en el mismo sitio donde no existen durante el tiempo en que estamos ausentes?

Con todo esto he llegado a una conclusión que me mola mucho. En realidad, que exista el mundo o no exista es algo que nos importa más bien poco, ya que el mundo sólo es mundo (por no decir universo, o multiverso), cuando estamos nosotros. O, lo que es lo mismo, el mundo somos nosotros. Y precisamente, desde que me siento yo mismo como mundial (por no decir universal), he empezado a sentirme, de alguna forma, dueño de todo. Es una cosa guay sentirse propietario de tal cosa, ¿verdad?

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Publicado el octubre 23, 2008 en Reflexiones. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Esta misma reflexión me la hiciste a las 2 de una madrugada de sábado a domingo después de alguna peli y un par de hamburguesas. Me comentabas que el mundo había aparecido en el momento en el que salías del vientre de tu madre -que días aquellos- y desaparecería cuando estirases la pata. Así que ni este profesor es original ni tu eres dueño de nada. Por cierto, cuando no estamos no somos con lo que no hay existencia. Después de mi reflexión me voy a comer que el programa me deja estresado.
    Un abrazo, amigo.

  2. Ves, ya sabía yo que sobre una cosa parecida a esta ya tenía yo alguna hipótesis, aún así, no está de más revisarlas de vez en cuando. Sin lugar a dudas, después de una buena sesión de hamburguesa y cine es mucho más fácil pensar en esto que a las 8.30 de la mañana, en ayunas y con un no escueto paseo a cero grados, que ni frío, ni calor, ya tú sabes. Por cierto, no te estreses hombre, que no merece la pena, y menos para los sueldos que ponen, eso siempre y cuando no te terminen echando. Tomátelo con filosofía. Nunca renuncies a ella.

    Un abrazo.

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