Se nos ha ido Juan Antonio Cebrián

Juan Antonio Cebrián, director y presentador de La Rosa de los Vientos, falleció ayer a los 41 años tras un paro cardiaco

Esta noche, como muchas otras, me acosté buscando de nuevo tu voz, pero en lugar de encontrarte me tropecé con una melodía de notas tristes. Como cualquier otra, de las tantas que fueron nuestras, estaba listo para reunirme contigo en aquel rinconcito de la soledad que la madrugada nos tenía reservado. Me preparé para cerrar los ojos, y ya una vez hecho a la oscuridad, lugar desde donde me hablabas y desde el que yo te ponía toda mi atención, me acosté necesitado, tal vez más que nunca, de que me contaras aquellas historias con las que me arropabas. Aquellas fábulas que me hacían sentir como un niño que necesita de la dulce voz de los cuentos para olvidarse, palabra por palabra, de que sigue estando despierto.

Pero esta noche no fue como todas las demás. Esta noche no hubo cuento. Y ese niño que se levantó, y ahora te escribe desolado, no fue capaz de encontrarse contigo, ni tampoco con su sueño. Girando sobre la almohada me quedé, dando vueltas una y otra vez a las agujas del dial, tratando de descubrir cuál era la sintonía donde te habías escondido. ¡Me resultó tan extraño que fallaras a tu cita! Era tan imposible que no desistí de esperarte mientras seguía dando vueltas desde el colchón donde, ahora, ya ni los giros se sienten dignos de ser escuchados, deseando con fuerza que vuelvas. Ahora, que estaba a punto de negarme para siempre a comprender que en realidad no es que te hubieras olvidado hoy de acompañarme, sino que te habías ido.

Al cabo de un rato seguí buscándote, hasta que, ojalá no lo hubiese hecho nunca, encontré una voz que ya había dejado de ser la tuya, recordándome que existen pesadillas de las que uno no es capaz de escapar ni aún a pesar de haberse quedado despierto. Aquella maldita voz, que me hizo llorar como el niño que te esperaba, me dijo que te habías marchado sin avisar, que te habías escapado de nuestras noches para siempre. Y al irte, contigo, el viento nos arrancó la que fue durante tantas madrugadas la más hermosa de nuestras rosas.

Este nudo marinero de corazón que el tonto y torpe del tuyo nos ha dejado, nos ha borrado de un golpe todas y cada una de nuestras direcciones, y en los caminos que ahora nos quedan por dibujar, a los que sin ti nos hemos quedado vacíos, todo nos va a parecer demasiado difícil. Demasiado difícil, echar de menos seguir viviendo sin escuchar tu alegría. Demasiado difícil, tu pasión por las historias tan entretenidas que nos contabas. Demasiado difícil, imaginar tu micrófono añorando en la mesa tus palabras. Demasiado dificil, que hayas dejado solas a tus tres “ces”. Demasiado dificil que, como con Wallace, tus recuerdos sean enviados a los cuatro puntos cardinales de esta España, en advertencia de que existen hombres en la historia por los que, como por ti, merece la pena seguir manteniendo viva la hoguera de nuestra tribu humana.

Allá donde estés, encantado y feliz como una lombriz, trataremos de recordarte. Aunque ahora nos escueza el alma y pensemos que no es manera de dejar a los amigos, te vamos a echar mucho de menos, te voy a echar mucho de menos. Sólo me queda el consuelo de saber que podré seguir escuchando aquellos tesoros que nos dejaste por encontrar, que, aunque la tristeza ahora me lo impida, prometo seguir buscando contigo, sea cual sea el lugar y el tiempo en el que, seguro, volveremos a encontrarnos.

Nada nos suplirá tu ausencia. Con tu muerte, Juan Antonio Cebrián, nos has dejado sin nuestro locutor favorito. Nos has dejado sin unas de esas poquitas cosas buenas que le quedaban a la radio y al periodismo. Sin una de esas pequeñas cosas que a uno le inyectaban ilusión para continuar. Tu casa, Onda Cero, esta de luto. Tu medio, la radio, está de luto. Tus amigos nos hemos quedado con el dolor de habernos arrancado contigo una de las partes que más nos gustaba de nosotros mismos.

Esta vez se me ha hecho de día contándote yo a ti. Me gustaba más de la otra manera. ¡Qué vacías me has dejado las noches sin tu voz!

 Despedida de su compañero Carlos Canales

Despedida de su compañero Martín Expósito 

Pequeña entrevista a Cebrián. Qué razón con lo de “Al menos una docena de genios se van todos los días sin que sepamos de ellos”.

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Publicado el octubre 21, 2007 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Qué gran verdad,amigo.Y que gran pérdida.Me quedo con una frase:”Prometo seguir buscando contigo, sea cual sea el lugar y el tiempo en el que, seguro, volveremos a encontrarnos…”.Un saludo.Fuerza y honor.

  2. http://senovilla-pensamientos.blogspot.com/

    Entre todos estamos haciendo un gran homenaje a un gran HOMBRE
    FUERZA Y HONOR

  3. Todo lo que le reconozcamos será poco. Fue una de esas personas irrepetibles, diferentes, genuínas. A los que alguna vez nos acompañó siempre lo echaremos de menos.

    Un abrazo a todos los que compartimos esta pena.
    Fuerza y honor.

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