Buenas noches, y buena suerte

Siluetas de humo en blanco y negro al ritmo de jazz, preludio de un destino de televisión basura, apología de la razón de ser del periodismo. Intención, elocuencia, resistencia al abuso en el poder, buenas noches, y buena suerte. Justo así por este orden. Detecta la injusticia, comunícala sin tapujos, resiste las presiones, continúa…de patitas en la calle. Buenas noches, y buena suerte.

La ópera prima de Clooney tal vez no sea tan inteligente como aparenta la primera vez, pero ya en la segunda te sigue pareciendo acertada en todos sus aspectos. De la pugna entre Murrow, un héroe envuelto en tabaco, que no es de extrañar terminara muriendo de cáncer de pulmón, y Joseph McCarthy, senador de Wisconsin y promotor de la caza de brujas anticomunista, uno se termina quedando con el retrato del medio, la televisión. La televisión, porque al fin y al cabo el comunísmo hace tiempo que dejó de ser el enemigo. La televisión, porque después de haber pasado más de medio siglo los peores de sus augurios se han cumplido.

Sobran los ejemplos, basta con encender la pantalla. La curiosidad ruin y el patetismo morboso llenan cada fragmento de la programación, en un mundo invariablemente lleno de personajes convertidos en estrellas sin haber conseguido mayor logro en su vida que la medalla del ridículo. Y es que, por desgracia, es lo que tiene reir las gracias a destiempo, que al final se terminan por crear los monstruos que nos definen. “La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas sino de nosotros mismos”. Y es éste precisamente, a mi entender, el mejor de los argumentos de la película. Una lección cuyo mensaje te zarandea una y otra vez repitiendo: oye, piénsalo un momento, tal vez la culpa de esto sea tuya. Tal vez seas tú el que le esté dando importancia justo a lo que no debe.

Y como se produce en la película así también se produce en nuestra historia. A aquel que se juega el tipo por defender lo justo, no son capaces de vencerle sus enemigos, tampoco sus limitaciones, sólo lo destruyen, paradójicamente, las causas por las que lucha. Porque en este mundo cuando peleas por lo mejor para la gente, la gente te lo termina agradeciendo con su indiferencia, y son ellos mismos los que salvajemente te destruyen, tal vez porque caíste en el imperdonable error de haber intentado que piensen.

Fragmento de “Buenas noches y buena suerte”

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Publicado el septiembre 25, 2007 en Cine. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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